Incidencia politica de la descentralizacion

INCIDENCIA POLÍTICA DE LA DESCENTRALIZACIÓN

Manuel Rodríguez Macià

Coordinador Político Fundación DEMUCA

Mi intervención versa sobre la "Incidencia política de la descentralización", lo cual a su vez exige precisar dos cuestiones fundamentales. En primer lugar qué entendemos por incidencia y en segundo y en ello quiero poner el acento, en cómo la incidencia política de la descentralización influyen en todo el acontecer político.

Es en el segundo momento cuando "el objeto" se convierte en "sujeto" pues su primer acercamiento obliga a comprender la incidencia política ejercida para promover una mayor descentralización, es decir el manejo político que se hace para la política de descentralización.

No obstante, el correlato posterior tiende ahora a ser una dinámica inversa donde los resultados de la política influyen en lo político, es decir el cómo los rendimientos institucionales de la descentralización inciden en la gestión de lo político, particularmente en la vida política partidaria.

Hablemos ahora de la primera dimensión: "la incidencia como concepto inter-dinámico" James Madison argumentaba que "mientras la razón del hombre sea factible y tenga la libertad para ejercerla, se formarán diferentes corrientes de opinión sobre religión, teoría y práctica política, y en especial sobre los usos y distribución de la propiedad. El resultado inevitable será la división de la sociedad en fracciones que actuarán en base a diferentes sentimientos y puntos de vista".

Por tanto, la incidencia política responde a un proceso planificado y delimitado en el cual unas fracciones de la sociedad política pretenderán influir las decisiones y comportamientos a efectos de lograr consensos mínimos en dicha división. De esta forma incidencia responde siempre a una acción política realizada fundamentalmente para cambiar una situación específica, o incluso para mantener el "status quo" ante un posible cambio.

Ahora bien si optamos por dar un repaso a la etimología del concepto, tendremos una sugerencia del cómo podemos llevarla a cabo, es así surgen las siguientes nociones: mover rápidamente, impeler, grabar dejando la impronta, también tiene el significado de azuzar, y en algún caso en su origen latino el conseguir el propósito por medio de una emboscada al enemigo como ven toda esta panoplia de actividades habrá que llevar a cabo.

La incidencia política se ejerce sobre un proceso de toma o no de decisión, siendo entonces la arena parlamentaria el teatro privilegiado donde constantemente se entretejen dinámicas y presiones entorno a posiciones e intereses. Particularmente son las cámaras legislativas donde las decisiones toman forma y se materializan entre mociones, comparecencias, informes técnicos y dictámenes.

La representación teatral nos ayuda a ilustrar la escenificación de la representación política. Como toda obra teatral, en ella participan no sólo los actores y protagonistas, siendo en éste caso los decisores de las políticas, sino también un elenco de asistentes entre ellos quienes se ocupan del sonido, iluminación, maquillaje, vestuario e incluso los utileros; es decir, los asesores políticos y los diferentes grupos que pretenden incidir sobre las decisiones.

Asimismo, la presentación teatral no escapa al juicio de los críticos y el cómo éste influye sobre el público en general, es decir la presión mediática y la opinión pública y de la ciudadanía.

En esta compleja interacción de los procesos de incidencia que oscilan entre "lo político" y "la política", no podemos olvidar al Poder Ejecutivo, e incluso a los partidos políticos, instancias que en mayor o menor medida impregnan el sentido municipalista a las decisiones, y en el primer caso, de forma muy particular a la implementación de las políticas públicas.

Una vez precisado el concepto pasemos entonces al segundo momento de mi intervención, el cual divido en dos: la incidencia política por una mayor descentralización, y la incidencia de la descentralización en la política. Siendo en el primer caso la descentralización el objeto y en el segundo el sujeto.

Al reflexionar sobre la incidencia política por una mayor descentralización no se puede obviar que un mundo global necesita del calor de lo local. Precisamente en estos tiempos en que tanto se habla del fenómeno de la globalización se plantea con más fuerza el sentimiento del arraigo en lo local.

Hablar de lo local nos puede despertar el temor de la vuelta al localismo. Pero también entiendo que abordar el fenómeno desde el punto de vista de la municipalidad lleva consigo la posibilidad de conjurar este temor, el municipio desde luego hace referencia a la administración de lo local pero no quiere por ello decir que se cae en el localismo.

El municipio he comentado en muchas ocasiones que no se define por las fronteras sino por el hecho de ser lugar de encuentro. El modo propio con el que se ha conocido la administración municipal hace referencia no a un poder personal individual sino al de ajuntarse, al reunirse para tratar y decidir juntos los temas.

En la tarea por reducir las desigualdades, los municipios se convierten en factor fundamental para corregir estas desigualdades. En la vida de cada día de los municipios encontramos el mundo real sin fronteras, la universalidad con rostro humano del que Panamá es un ejemplo bien evidente.

Para lograr un adecuado engranaje entre el Gobierno Nacional y los Gobiernos Locales es fundamental focalizar el accionar en dos puntos medulares: (a) un marco jurídico que garantice una visión estratégica de descentralización y (b) promover una autonomía efectiva de las municipalidades, siendo ambos aspectos dos caras de la misma moneda.

Contar con un marco jurídico que garantice una visión estratégica de la descentralización es un elemento fundamental en el proceso de profundizar y ahondar en el sistema democrático. Se ha repetido enormemente hasta qué punto la administración local es la más cercana al ciudadano, la descentralización puede tener como efecto el hecho de que el ciudadano participe más directamente de las decisiones. Por tanto, desde una visión causa-efecto la renovación política, la valoración de la política dependerá en gran parte de la dinamización de nuestros propios municipios.

Sin embargo ante ésta tarea pesa un mito errado, el cual considera que descentralización equivales al desmembramiento del Estado, cuando más bien, tiende a ser todo lo contrario, particularmente si tomamos como punto de partida que el municipio es parte integrante y fundamental de la ingeniería del Estado, y que las actuaciones gubernamentales nacionales se fortalecen en la medida de contar con actuaciones gubernamentales locales fortalecidas y consolidadas. Por tanto, el Estado no se fortalece por la imposición sino por la participación.

Promover una autonomía efectiva de las municipalidades es fundamental dado que el proceso de descentralización en Centroamérica y República Dominicana ha sido desarticulado (desigual) y se ha llegado a confundir con una desconcentración de las funciones del Estado a los gobiernos locales, es decir, la capacidad del Gobierno central de delegar funciones específicas a las municipalidades. Esto aunado a los cambios y reformas estatales de las últimas décadas. Siendo así el municipio, la unidad técnica gestora de las necesidades delegadas.

Esta situación se ha logrado revertir a partir de la consolidación de la autonomía municipal, por medio de políticas descentralizadoras o de fortalecimiento municipal, quienes han logrado fortalecer áreas significativas (asignación presupuestaria, estrategias de comunicación, prestación de servicios, entre otras), y desde la jurisprudencia se han definido las reglas que regulan trasferencias presupuestarias, competencias municipales, roles institucionales, entre otras.

Según la definición jurídica de la autonomía y tomando en cuenta el marco político de su competencia, la autonomía municipal contiene tres áreas determinantes para un funcionamiento conjunto, coherente y coordinado de la institución municipal. La definición de estas tres áreas de autonomía municipal son: la autonomía administrativa, la financiera y la política.

Mientras que la autonomía administrativa es la capacidad que tiene el gobierno local de generar su propia estructura administrativa enfocada en la autorregulación de sus servicios y autodeterminación de sus intereses. La autonomía financiera corresponde a la capacidad municipal para hacer uso, planificación y distribución de los recursos financieros (fuentes internas y externas). Su reconocimiento es vital, pues permite que los gobiernos locales asuman decisiones sobre la existencia y aplicación de los recursos financieros, en el marco de un sistema nacional coordinado y acorde con el sistema competencial de las distintas administraciones.

Por último la autonomía política puede entender según dos vertientes, la primera que tiene que ver con la facultad de elegir los gobiernos locales por medio de un proceso democrático, y por otro lado, la facultad que tiene de definir políticas para la consolidación de su autonomía y el cumplimiento óptimo de sus competencias. Siendo por tanto, fundamental para generar una adecuada gobernabilidad local y por ende fortalecimiento a la institucionalidad democrática del Estado.

Como el tiempo apremia pasemos ahora a la segunda cara de la misma moneda, "la incidencia de la descentralización en la política". Si damos una amplia mirada a Centroamérica y República Dominicana encontraremos que el rol de las Asociaciones Nacionales de Municipios ha incidido de forma positiva en el fortalecimiento de la autonomía municipal, principalmente con la definición de normativas.

Estos procesos de incidencia política han permitido identificar debilidades sustanciales y promover acciones correctivas de corto, mediano y largo plazo, modificando males patológicos como: una visión reduccionista de las municipalidades como administradores al servicio del Gobierno Central, inconsistencias en la propuesta descentralizadora que distorsiona los roles de distintos poderes o administraciones del Estado, entre muchos otros.

Por tanto, no queda duda sobre el valor del asociacionismo entre los municipios es algo fundamental, a la forma de organizarse el Municipio se ha llamado Ayuntamiento esto es unir, de igual modo los Municipios se unen entre sí, siendo un elemento aglutinador la necesidad de promover mayores vínculos de cooperación municipal.

El municipio como he tenido ocasión de comentar no se define por la frontera sino precisamente por ser un lugar de encuentro, la relación propia de quien vive en un municipio es el de vecindad. Pensar el municipio como una realidad aislada va en contra del propio municipio. El filosofo español Ortega y Gasset decía que "los municipios empiezan a serlo cuando salen de ellos mismos, siempre los municipios fueron lugares de encuentro, cruces de camino, no islas". El propio sentido gremial de la Asociación va encaminado a ello.

En la actualidad los Estados se encuentran ante un rápido proceso de desvalorización de la vida política, sin duda debido del alejamiento en el trinomio Estado, Sociedad y Rendimientos. La política es la realidad de cada día y el ejercicio de la política se valorará en tanto la insertemos en los intereses de los ciudadanos y es en el municipio el escenario de la representación de la vida diaria el marco en el que podemos revitalizar la vida política. Bien es cierto que tenemos que reflexionar sobre la calidad de nuestros gobiernos municipales pues la lejanía con respecto a otras instancias del estado se puede repetir en el interior de los municipios.

No obstante, también es evidente que la relación que existe entre Gobierno Central y Gobiernos Locales no deja de tener interrupciones que entorpecen el proceso. Algunas debilidades latentes (falta de participación, pobreza, escasez de recursos humanos, desigual distribución de las riquezas, falta de respuesta a las necesidades comunales, entre otros) se conjugan para mostrar un contexto complejo, con amplias intenciones jurídicas pero con una marcada dependencia respecto al Gobierno Central.

Situar la política en el corazón de la vida de cada día es el presupuesto para descubrir su dimensión ética y la ética no podemos plantearla fuera del ámbito de la realidad de cada día. No está demás recordar en el ámbito de las ciudades capitales Latinoamericanas aquel texto del clásico latino Cicerón quien hablaba de la superioridad de la virtud política, precisamente por ejercitarla en la práctica. No podemos obviar el descrédito en que se tiene a la actividad política. El alejamiento en el que se sitúa una buena parte de la ciudadanía respecto a los partidos políticos está provocado en gran parte por la desconfianza.

Los partidos políticos como correas de transmisión de las inquietudes ciudadanas, se fortalecerán y potenciarán en la medida de su cercanía al ciudadano. La presencia de unos partidos políticos cercanos a la ciudadanía es garantía de una expresión más fiel de las inquietudes ciudadanas en el parlamento de la nación. El hecho de que entre los objetivos de los partidos políticos se manifiesten los temas municipales les dará un mayor calado y entiendo que será un buen modo de combatir el descrédito que como antes comentaba muchas veces se adquiere, precisamente por su lejanía del ciudadano.

La preocupación de los partidos políticos por los temas locales debe partir del arraigo y la implantación que los mismos tengan en las localidades. Su implantación y territorialidad local permitirá un diálogo más franco y directo entre las demandas ciudadanas y el proceso de las decisiones políticas, más aún cuando estos partidos poseen mecanismos internos entre sus estructuras nacionales y sus grupos municipales.

El líder debe saber leer en el libro de la vida de cada día, en el libro de la ida de la historia y saber que su misión es temporal. La vida local debe ser escuela de formación de líderes políticos, se necesita dignificar la vida política y para ello hemos de tener en cuenta redescubrir el valor de la cotidianidad de la política, que la política no es algo apartado de la vida diaria que está en el corazón de la vida de cada día.

Cuando se vive apartado de la realidad de cada día la política deja de tener entidad para convertirse en pura simulación. Ello se puede llevar a cabo fundamentalmente desde la política local. La dignificación del sentido de la ciudadanía hay que encontrarlo en la dignificación de nuestras ciudades, de nuestras localidades.

He empezado esta intervención hablando de la representación y como el escenario de la representación màs amplia de la vida diaria se da en el espacio de nuestros municipios, el espacio màs apropiado a la medida humana.

El poeta Miguel Hernández escribía en su prologo al Teatro de Guerra que una digna representación estimulaba a los ciudadanos a representar con dignidad el papel que nos corresponde en el teatro de la vida. Llevemos a cabo una digna representación política para estimular la dignidad ciudadana en la representación de la vida de cada día.

 

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